Murió Charlton Heston, y nuestros queridos «gafaspasta» de barrio y cafetería de facultad se esfuerzan en recalcar una imagen peyorativa del actor por su pertenencia y publicidad de la Asociación Nacional del rifle. En ningún momento se les pasa por lo que hay detrás de sus gafas de anchas patillas recordar sus grandes papeles como Judah Ben-Hur, El Cid o Moisés.Hace una década quien citaba a las gafas con patillas gruesas se refería un sector de la población que actualmente se identifica con los friquis. Pero el argot callejero evoluciona. En poco menos de un decenio llevar lentes con amplia montura de pasta constituye para el portador una creencia de pertenencia a un grupo superior a la media desde el punto de vista cultural, y no sólo la creencia, sino también un sentimiento de deber hacer notar por todos los medios sus supuesta intelectualidad.
Esta subespecie siente prelidección por que todo aquel que, por suerte o por desdicha, se encuentra en su campo de acción no lo abandone sin una lección de modernidad en opinión política. Esta opinión suele estar fundamentada por tendencias de masa generalmente relacionadas con la progresía más vanguardista. En uno de sus hábitats predilectos, el césped universitario, tienden a hacer ver su profunda inquietud literaria con firmas tan prestigiosas como Dan Brown o Tom Clancy y pueden llegar a proclamar su afición por la poesía con alusiones a Rimbaud, casi siempre de oídas.
Los «gafaspasta» son una subespecie de cultura ligera con opiniones acordes a la moda, como su forma de recordar a Heston. Ganan presencia en la sociedad, pues se reproducen fácilmente, y están evolucionando hacia una subespecie superior: los «gafaspasta» tertulianos.



